La historia volvió a escribirse con letras rojas. En una noche inolvidable en el estadio Mario Camposeco, Municipal selló una campaña memorable y conquistó el título número 33 de su historia al imponerse con autoridad en la gran final del Torneo Clausura 2026. El empate 2-2 ante Xelajú MC en condición de visitante fue más que suficiente para que los escarlatas completaran un contundente global de 6-2 y se coronaran nuevamente como los reyes del fútbol guatemalteco.
Después del categórico 4-1 conseguido en la ida, los dirigidos por Mario Acevedo llegaron a Quetzaltenango con la misión de administrar la ventaja, aunque sabían que enfrente tendrían a un rival herido y respaldado por un estadio completamente lleno. El ambiente era de final, de esas noches que marcan generaciones.
Sin embargo, Municipal demostró desde los primeros minutos que no había viajado para defenderse. Cristian Hernández estuvo cerca de abrir el marcador en una acción clara frente al arco, aunque la definición no fue precisa. Poco después llegó la primera preocupación para los rojos cuando John Méndez tuvo que abandonar el partido por un golpe en el pómulo. En su lugar ingresó Erik López.
Xelajú respondió con intensidad y encontró el premio a su insistencia al minuto 14. Manuel Romero apareció dentro del área para marcar el 1-0 y despertar la ilusión de una remontada que parecía imposible. Apenas tres minutos más tarde, Jair Jaén estuvo a centímetros del segundo gol, pero el poste salvó a los escarlatas en el momento más delicado de la noche.
Cuando mejor jugaban los quetzaltecos llegó el golpe que terminó de inclinar la balanza de la final. Al minuto 45, un tiro libre ejecutado por Cristian Hernández terminó desviándose en Manuel Romero, quien envió accidentalmente el balón al fondo de su propia portería. El autogol significó el 1-1 y apagó buena parte de la esperanza local antes del descanso.
En la segunda mitad, Municipal mostró la madurez de los equipos campeones. Mientras Xelajú atacaba con desesperación, apareció la figura gigantesca de Braulio Linares. El guardameta escarlata firmó una actuación memorable, respondiendo con seguridad a cada intento de los locales y convirtiéndose en uno de los héroes de la final.
El golpe definitivo llegó al minuto 57. José Morales tomó el balón fuera del área y sacó un espectacular remate de larga distancia que silenció el Mario Camposeco. El 1-2 no solo ampliaba la ventaja en el partido, sino que convertía la serie en una montaña imposible de escalar para los súper chivos.
A partir de ese momento, Municipal controló los tiempos, administró la posesión y demostró toda la jerarquía que caracteriza al equipo más grande de Guatemala. Xelajú nunca dejó de luchar, pero se encontró con una defensa sólida y con un Braulio Linares inspirado que cerró todas las puertas.
Cuando el árbitro Mario Escobar señaló el final del encuentro, el festejo rojo explotó en territorio quetzalteco. Jugadores, cuerpo técnico y aficionados celebraron una conquista que representa mucho más que un campeonato. Es la recompensa a una temporada de altibajos, de críticas, de momentos difíciles y de una espectacular reacción en la fase final.
Municipal volvió a demostrar por qué es el club más ganador del país. Con autoridad eliminó a Guastatoya, aplastó a Mixco con un global de 7-0 en semifinales y terminó resolviendo la final ante Xelajú con un inapelable 6-2.
La copa número 33 ya tiene dueño y es tuya. Y una vez más, el fútbol guatemalteco se tiñe de rojo. El “Mimado de la Afición” vuelve a tocar el cielo y reafirma su lugar como el gigante histórico del balompié nacional.
